X FECHAS

x orden alfabetico

ENLACES

+ vistas

varios

VARIOS


Contador Gratis
relojes para blogger html clock for websites contador de usuarios online
PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

Cómo ser un buen jefe


Aplicar el sentido común y poseer habilidades para motivar y trabajar en equipo aseguran el éxito profesional a un jefe

  • Autor: Lola Raya Bayona |
  • Fecha de publicación: 9 de febrero de 2008

Las cualidades de un jefe

Recibir la noticia de que (¡al fin!) se ha conseguido ese cargo por el que tanto tiempo se andaba suspirando puede generar sensaciones contradictorias. Ya no se es un mero empleado, sino que se ha alcanzado la posición de jefe, y junto a la alegría conviven las inevitables dudas: ¿Qué cualidades se van a exigir? ¿Cómo actuar a partir de ahora? Ser jefe es una nueva y motivadora etapa de la carrera profesional. Pero, al convertirse en jefe de un departamento o equipo de trabajo, hay que "cambiar el chip", aunque nunca se haya aprendido a dirigir. Según los expertos, para empezar con buen pie y ser un buen jefe, hay que tener mucho sentido común y poner en práctica alguna de las siguientes habilidades, con lo que el éxito está asegurado.
Clarificar qué se espera de su labor
Una clave fundamental para que un jefe no fracase está en apoyarse en sus superiores y solicitarles, con mucha claridad, qué se espera de su labor. No es lo mismo dirigir un departamento para solucionar una situación de crisis, que únicamente para darle continuidad a la labor iniciada por nuestros antecesores en el cargo. Al mismo tiempo, se debe hacer un esfuerzo por "empaparse" del funcionamiento interno de la empresa, su historia, sus logros, sus problemas, sus competidores, etc.
Conseguir la colaboración del equipo
Si no se "gana" al equipo y se busca su complicidad, un jefe está condenado al fracaso. El éxito depende directamente del nivel de implicación que se consiga de los miembros del departamento. ¿Cómo hay que actuar para lograrlo? Lo primero que hay que hacer es averiguar quiénes son los componentes del equipo, quiénes son sus "líderes informales" (los que condicionan, con sus opiniones, las formas de pensar del grupo) y su trayectoria profesional dentro de la empresa. Una información que será muy útil para ganarse la confianza del equipo.
Prudencia a la hora de los cambios
Los expertos recomiendan que un jefe sea muy prudente a la hora de introducir cambios en el funcionamiento interno del equipo. Lo primero que debe hacer es recopilar toda la información posible para identificar qué cambios hay que introducir para mejorar el funcionamiento. Pero hacerlos respetando la etapa anterior. Debe dejar claro que, en el pasado, se han hecho cosas importantes y reconocer el mérito que en ello han tenido los miembros del equipo. Éste es un requisito indispensable para que los nuevos cambios sean bien recibidos.
Obtener los primeros resultados
Es importante conseguir pronto algún éxito o algún resultado destacado, sobre todo si se han introducido cambios en la organización que hayan generado recelos en algún miembro del equipo. Si no se consiguen, siempre habrá quien ponga en duda la capacidad o estrategia del nuevo jefe. Para ello, los expertos recomiendan centrarse en un objetivo tangible y que se pueda medir mediante un calendario, e implicar al mayor número de miembros del equipo. Si se logra, el jefe se habrá ganado la confianza del equipo y vencido las resistencias.
Un jefe debe centrarse en un objetivo tangible e implicar al mayor número de miembros del equipo en su logro
Saber escuchar
Es una habilidad que todo buen jefe debe tener. Hay que tener la flexibilidad suficiente para aceptar sugerencias o modificaciones a las ideas que ponga en marcha. Debe escuchar a sus colaboradores y ser receptivo ante sus ideas y sugerencias. Las personas se quedan conformes, ya que saben que son escuchadas. En caso de que no vea viable alguna propuesta, no debe limitarse a una mera negativa, sino explicar a la persona las razones por las que cree que, en ese momento, no es acertado llevarla a cabo.
El experto en gestión empresarial, Leo Farache, señala que no saber escuchar es uno de los principales errores del jefe prepotente. "El jefe prepotente cree que las personas como él son diferentes a las demás, y que éstas no merecen su tiempo y su cariño. El jefe prepotente ve las cosas claras, el resto no. El jefe prepotente es insustituible, el resto no".
Trabajo en equipo
Un equipo se define como un grupo de personas que hacen algo juntas, aun cuando las actividades que realicen y el fin que persigan sean muy diversos. Para realizar un adecuado trabajo en equipo, el jefe debe confiar en cada uno de sus miembros. Los jefes necesitan saber trabajar en equipo ya que esto les permite realizar mejor sus funciones, obtener mejores resultados y tomar decisiones más acertadas. Y esto se logra debido a que los diversos puntos de vista dan una perspectiva más amplia de la tarea.
El trabajo en equipo debe guiarse siempre desde criterios éticos. Algo que no cumplen los jefes de estilo manipulador. Jacques Regard, en su libro "La manipulación" (Editorial Alienta), los define así: "El manipulador tiene un modo especial de utilizar el poder. Su autoridad es destructiva. Utiliza su poder de forma negativa y perversa para destruir lo que va bien y someter a los otros. Tiene una necesidad obsesiva de controlarlo todo".
Autocontrol
Los jefes que tienen esta habilidad controlan más fácilmente sus emociones conflictivas. Según el experto en liderazgo Daniel Goleman -autor, entre otras obras, del famoso libro "La práctica de la inteligencia emocional" (Editorial Cairos)-, esta cualidad les sirve para "permanecer equilibrados, positivos e imperturbables, aun en los momentos más críticos, y piensan con claridad y permanecen concentrados a pesar de las presiones". Según Goleman, los jefes que más destacan son "aquellos capaces de templar adecuadamente sus impulsos, ambición y afán de imponerse con el autocontrol adecuado, plegando sus necesidades personales al servicio de los objetivos de la empresa".
Saber adaptarse a los cambios
El mundo de la empresa y el trabajo no es estático, sino que se ve sujeto a cambios cada vez más rápidos y profundos. Nuevos competidores, nuevas técnicas de trabajo, nuevas exigencias de los clientes, o la influencia de las nuevas tecnologías son sólo algunos de ellos. Para ser un buen jefe, por tanto, no hay que ser esclavo de las rutinas y el inmovilismo, sino estar siempre dispuesto a adaptarse con rapidez a los cambios del entorno.
Reconocer los propios errores
Según Goleman, "los jefes que fracasan se caracterizan por reaccionar defensivamente ante los errores y las críticas, negándolas, encubriéndolas o intentando descargar su responsabilidad. Los triunfadores, en cambio, asumen sus responsabilidades, admiten sus posibles fallos y errores, toman medidas para solucionarlos y siguen adelante sin dar vueltas a lo ocurrido".
Los jefes triunfadores asumen sus responsabilidades, admiten sus posibles fallos y errores, y toman medidas para solucionarlos
Predicar con el ejemplo
Si un jefe pide un esfuerzo a sus colaboradores, debe predicar con el ejemplo y convertirse en un modelo a seguir. Está demostrado que las expectativas de los mandos con respecto al trabajo de sus colaboradores influye positiva o negativamente sobre los resultados de estos. Es lo que se conoce como "Efecto Pigmalión", es decir, que la fe del líder en los empleados les conduzca al logro de resultados.
Saber motivar
El ambiente humano que se respira en una empresa, lo que se denomina "clima laboral", es uno de los principales factores que determinan el rendimiento de los empleados. Y el clima laboral depende muy directamente de la capacidad que tiene el jefe para motivar a los empleados.
¿De qué depende la motivación? Aunque la cuestión salarial tiene un peso importante, también entran en juego otras cuestiones como que existan unos buenos canales de comunicación entre jefe-empleados, transmitir el sentimiento de realizar un trabajo útil, sistemas de control razonables, conciliación de la vida privada y laboral, etc.
Saber gestionar los conflictos
Una de las funciones básicas de todo responsable de equipos es gestionar adecuadamente los conflictos que surjan en el seno del grupo. Y es inevitable que, tarde o temprano, surjan: celos profesionales, luchas por parcelas de poder, mala química personal entre los miembros del equipo, etc. El jefe, en primer lugar, debe realizar una labor preventiva: ver dónde puede originarse el conflicto, y poner el remedio antes de que se produzca. Pero en caso de que el conflicto ya haya explotado, no hay que dejarlo de lado pensando en que solucionará por sí mismo. Lo más razonable, según los expertos, es reunir privadamente a las personas implicadas, analizar con ellos las causas y arbitrar una solución con ecuanimidad y de manera bien razonada.
Ser innovador
Según Leo Farache, el líder debe ser innovador, arriesgado, audaz, y alentar a los suyos para hacer su trabajo más emocionante. Y cita el ejemplo de un banquero de éxito: "Dicen que una persona debe ser despedida no porque haga mal las cosas, sino porque no las intente. Que es como tratar de animar a las personas a que prueben, ensayen y experimenten en el camino de mejorar".

La figura del antecesor

Es inevitable que, cuando alguien es nombrado jefe de un departamento o equipo de trabajo, se le compare con la persona que anteriormente ocupaba ese puesto. ¿Qué aconsejan los expertos sobre lo que debe hacer un jefe ante esta situación?
Respetar las comparaciones
Si su antecesor era bien valorado por parte del equipo, las comparaciones serán frecuentes en los primeros meses tanto por parte de los miembros del equipo como por parte de otros colegas de la empresa. Ante esta situación, el jefe debe estar preparado para aceptar de buen grado estas comparaciones. Es más, es recomendable que el nuevo jefe alabe también la actuación pasada. Un problema se presentará cuando llegue la hora de hacer cambios a la forma de actuar implantada por su predecesor, que deberán hacerse con mucha cautela, poco a poco, y apoyándose en las opiniones de algunos miembros del equipo.
Un antecesor mal valorado
Si el antecesor ha hecho un mal trabajo, todo será mucho más sencillo. Al menos en parte, porque la presión por hacerlo bien no será tan intensa. El problema vendrá cuando, debido a la mala situación anterior, empiecen a aparecer sobre la mesa una gran cantidad de problemas por solucionar con los que el nuevo jefe no contaba. De nuevo, una estrategia recomendable es apoyarse en las opiniones del equipo para darles solución.
Si el antecesor estaba muy bien valorado, el nuevo jefe debe hacer cambios con mucha cautela y contando con el equipo
El antecesor ha sido ascendido
Puede ocurrir también que el jefe al que se sustituye haya sido ascendido, a su vez, a otro cargo superior dentro de la misma empresa. Conviene, en este caso, mantener con él una charla para que informe sobre las claves para dirigir el departamento. Con ello, el nuevo jefe evitará algo ciertamente habitual: que el antecesor opine sobre cómo maneja la dirección del departamento.
Un despido injusto
Una cuarta situación se produce cuando el predecesor era bien valorado por todo el grupo de compañeros y, por cualquier motivo, haya sido despedido. Si el equipo considera que ha sido un despido injusto, el nuevo jefe podría encontrarse con las reticencias a colaborar de algunos miembros del departamento. Los expertos recomiendan en este caso no criticar la labor del antecesor e incluso valorar positivamente los logros que consiguió durante su gestión.

LOS DISTINTOS TIPOS DE JEFE

Los expertos Jean Withers y Carol Vipperman, en su libro "Usted y su jefe" (Ed. Granica), establecen una tipología de jefes.
El trabajador compulsivo: Es el primero en llegar y el último en irse. Su mayor problema está en que sólo confía en sí mismo, y que no delega porque teme que las actividades sean mal ejecutadas por los subordinados.
El innovador: Su lema es la innovación continuada y permanente. No para de elaborar nuevos proyectos, inventar novedades, asociar ideas... Su problema es que se suele negar a ver aquello que va en contra de sus planes y sus grandes ideas, y que toma decisiones imprecisas y poco definidas. Es habitual que busque colaboradores que se ocupen de la parte más rutinaria de su trabajo.
El jefe "ordeno y mando": Es un jefe tradicional que responde al lema de "hazlo como yo te digo". Suele ser poco imaginativo y estar más orientado a las rutinas y al cumplimiento de plazos y tareas.
El demócrata: Busca siempre el consenso entre sus colaboradores, aunque puede no tener muy claros los objetivos. Es sincero e imparcial, pero a veces le falta poder de decisión, de organización del trabajo y de disciplina.
El diplomático: Antepone la buena marcha de las relaciones personales a la realización del trabajo bien hecho. Su punto fuerte son las relaciones públicas: es muy comunicativo, está muy pendiente siempre de su imagen, pero le falta autoridad para imponer disciplina y eficacia en el trabajo.
El jefe guía: Es el modelo más actual. Conoce bien los objetivos de la empresa y el camino que se debe seguir para materializarlos, lo señala con claridad y permite que sus colaboradores decidan cómo avanzar hacia la meta.