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Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio

Regla

Cada vez que acabo de usar algo lo devuelvo a su sitio. Todo objeto tiene un hogar al que pertenece.
Esta es una regla mínima, tradicional, de la organización personal. Está relacionada con el refrán: “Ojos que no ven, corazón que no siente” o el más físico “Out of sight, out of mind” del inglés (fuera de vista, fuera de la mente). Todo lo que queda fuera del campo visual deja de ser una fuente de distracciones. 

Justificación

Cualquier elemento físico de tu entorno no sólo ocupa espacio. También ocupa tiempo, aunque sea en el breve lapso  en que le prestas atención. De la misma manera que hablábamos de Habitación minimalista de la conciencia, también podemos hablar de habitaciones minimalistas de nuestra casa.

Podríamos visualizar cada elemento material como un sumidero de energía o como un lugar de estancamiento de energía mental. Si reducimos las cosas a la vista, devolviéndolas al lugar al que pertenecen, su hogar,  permitimos que la energía psíquica quede libre y vuelva a circular.

Si cada componente de tu habitación tiene un hogar te es más fácil localizarlo cuando lo estés buscando.

Aplicación

  1. Mira a tu alrededor: ¿qué tres cosas no están en su lugar? Colócalas en su sitio, y si no  lo tienen, búscales “un hogar” y déjalas en él (esto es lo que acabo de hacer con un vaso que estaba encima de la mesa, un reloj y un paquete de pañuelos).  Recomendación: sólo tres cosas a la vez. No más. No menos. Hay una justificación para ello. Lo aprendí de Ernest Hemingway. Escribiré sobre ello más adelante.
  2. Empieza pequeño, usando el principio del Kaizen. Sería inasumible que intentaras en una tarde (o en una semana) dar un hogar a todos los objetos de tu casa. Empieza por una mesa o por una repisa en la cocina. Luego, sucesivamente, día tras día, sigue haciéndolo con el resto de las superficies de tus habitaciones -es el lugar donde suelen acumularse más trastos y estancarse la energía-. Quizá te lleve semanas. Está bien.
  3. Observa y toma nota de la reducción de la agitación mental. Disfruta de  la creciente calma que genera un entorno físico libre de elementos físicos y distracciones que te permite enfocarte en una cosa cada vez. Este sentimiento te motivará a continuar. Llegará un momento en que te preguntes cómo pudo ser posible que alguna vez vivieras en un entorno  lleno de cosas.
  4. Esta regla se complementa muy bien con una política general de reducción de objetos. Cuantos menos, menos necesidad de almacenarlos, organizarlos y gestionarlos.  Próximamente comenzaré un proyecto de reducción a sólo 100 pertenencias personales.



Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio

9/8/10

Homo Minimus

Minimalismo existencial